La Caja de Arena. Explorando Mundos en la Arena


LA CAJA DE ARENA

No sé en qué momento ni gracias a quién la descubrí. Sé que desde los primeros momentos que oí acerca de ella me resultó sugerente. En mi imaginación me transportaba a un mundo mágico, donde el juego, lo liviano y divertido estaba cargado de profundidad y simbolismo. Donde se podía hacer, armar, construir y descubrir… todo esto tiene mucho que ver conmigo. Así que investigué. No hay mucha bibliografía en español sobre el tema. De hecho a día de hoy, sólo hay un libro “Construyendo Puentes” de Jose Luis Gonzalo Marrodan Así que seguí investigando, y gracias a Don Google, encontré varios artículos, tesinas, páginas de organizaciones internacionales en diversos idiomas. En el mundo anglosajón la Técnica de la Caja de Arena o Sandplay tiene mucha relevancia. Existen incluso tiendas online que venden conjuntos de miniaturas y kits básicos para aquellos que quieran comenzar. A groso modo, están los que defienden el uso de la técnica de la Caja de Arena, en este caso Sandplay en inglés, como un proceso en el que el instrumento es considerado un puente entre el mundo inconsciente y consciente del paciente y en el que la secuencia de varias cajas a lo largo de varias sesiones genera un proceso de identificación entendido en términos Junguianos. Y por otro lados los que usan la técnica como herramienta dentro de un proceso terapéutico, pudiendo ser este de diversas orientaciones psicológicas y filosóficas al servicio de los más variados fines. Así, en otros países, está técnica se utiliza en la orientación educativa, en el coaching, en el counselling, en el trabajo social y en la psicoterapia con niños, con adultos, con parejas y familias, ya sea en un espacio grupal o individual. En este caso, los puristas no lo llaman Sandplay. En España, por ahora, somos mucho más sencillos. Vamos lento, pasito a pasito y la denominación que utilizamos para todo es la “Caja de Arena”. Aunque a decir verdad, el término aunque sugerente, se me queda algo corto en cuanto a hondura. Me falta recoger lo intrínseco a la Técnica de los Mundos o Worldtechnique que denominó Margaret Lowenfeld antes de que Dora Kalff desarrollase el Sandplay. Porque no solo se trata de una caja de arena, que bien puede, o podría, ser para los gatos, sino de un espacio para expresar nuestros mundos, nuestros conflictos internos y externos con las manos, con las figuras, utilizando los recursos de la creatividad, simbología y pensamiento mágico. Así que si me permitiese crear una palabra a la medida, una denominación, de lo que es para mí esta técnica terapéutica sería “Mundos en la Arena”. Con esta herramienta, hay que lanzarse al vacío. Hay que dedicarle un espacio específico en la consulta , ya que necesitará de una estantería o más de una, llena de miniaturas que iremos consiguiendo de aquí y allá para lograr una amplia colección donde el paciente podrá elegir. Para aquellos que no dispongan de espacio o que vayan de aquí para allá, se puede contar con cajas, bolsitas, etc… Lo bueno es que es una técnica que podemos adaptar aunque tendremos que tener en cuenta cómo esto afecta al encuadre y al resultado. Una vez lanzados… a usarla. Es, en ese preciso momento, en el que se pone en práctica, cuando uno se da cuenta de la verdadera potencia de la prueba.  Es fácil. Tan fácil como jugar con la arena. (El paciente no se siente amenazado).

Automáticamente se genera, si el terapeuta lo permite, un espacio seguro y de confianza. De concentración. Da igual la edad que tenga el paciente, parece que estemos viendo a un niño de 5 años tranquilo y ensimismado en su juego. Armando, creando, generando.

Se trata de un acceso o acercamiento que, de una manera simbólica y no amenazadora, nos abre la puerta a aspectos emocionales, a creencias, a actitudes, etc. Decimos cosas sin decirlas. (Es una herramienta proyectiva).

Se produce una toma de conciencia a partir de una experiencia no verbal. El paciente mueve, toca, siente, oye, ve. Activamos de manera simultanea varias áreas cerebrales potenciando el aprendizaje y las ponemos a disposición del desarrollo personal.

El paciente construye y transforma su mundo subjetivo dotándolo de nuevos significados que posibilitan la resolución de los conflictos. Generando nuevas conexiones neuronales, (posibilidades y alternativas, en definitiva).

Me permito insistir, “y es fácil para el paciente”. Sin embargo, debo añadir que no tanto para el terapeuta. Que necesita tener seguridad en el proceso y en la herramienta. Que necesita mantenerse casi siempre un pasito detrás del paciente. Apoyándole. No tirando de él. No hacer, es tan o más difícil que hacer. No intervenir, mantenerse en silencio y presente a nivel racional y emocional es una actitud que requiere de aprendizaje previo. Bueno, nadie dijo nunca que fuese fácil. Ni siquiera que tuviese que serlo. Pero, para nosotros, profesionales. ¿Qué supone en realidad ese grado añadido de dificultad, cuando su potencia como herramienta es tan abrumadora y tan útil?.Cuando nos ayuda tanto a ayudar. Por mi parte, seguiré investigando